Pues al parecer mi mente no ha estado muy preparada estos últimos días, ya que he entrado en una racha de mala suerte. El jueves pasado recibí un teléfono desde España ya que el mío se había roto y en menos de 24 horas desapareció, no sé cómo. He revuelto todo en mi habitación he ido a todos los lugares en los que estuve y nada, móvil apagado. Así que he llegado a la conclusión de que me lo debí haber dejado en algún lugar y alguien fue más listo que yo y lo cogió. 
Sin teléfono pero con muchas ganas de mi dosis semanal de excursiones fuimos al campo el sábado donde hicimos una ruta fluvial increíble por un rio con numerosas cascadas. Encontramos un montón de setas comestibles que usamos para la cena. A pesar del maravilloso paisaje y lo divertida y bonita que fue la ruta, ese día no me encontraba muy bien del estomago, creo que algo del maravillosos desayuno inglés que tome, me debió sentar mal.
Al cocinar los boletus y probarlos nos dimos cuenta de que no eran los que pensábamos y a pesar de ser comestibles, eran especialmente amargos, lo cual arruino en cierta medida la cena. Otra desdicha para la saca.
Y ya para culminar la tragedia, ayer fui a una de mis dos sesiones semanales de yoga, que van seguidas de un par de horas de escalada. Desafortunadamente, escalando en el rocódromo, caí y me hice un esguince, que eta mañana en el doctor, me han dicho que puede que no sea nada, o puede que sea una fractura por avulsión. Crucemos los dedos para que no sea así. Tampoco he podido alquilar las muletas por los 75$ dólares que cuestan porque no les quedaban. 
Evidentemente no es mi semana de la suerte, pero sigo disfrutando por aquí por Nueva Zelanda donde en menos de 10 minutos ha pasado de haber un hermoso sol a una tromba de agua. ¡Quién sabe lo que nos deparará la próxima hora!