Ya estoy de nuevo por la tierra patria!
Cuanto tiempo ha pasado, exactamente 10 meses y medio, y vuelvo a respirar, ver y sentir toda esa cultura y gente que deje atrás y que he echado de menos en este tiempo que he estado fuera, ya fuera consciente o inconscientemente.
Ya se hacia un poco raro pasar la navidad a casi 30ºC allí en Australia, pero sinceramente tampoco me siento como si estuviera en navidad aquí que estoy a 4ºC. Supongo que mi reloj biológico esta trastocado después de tanto cambio de hora, de estación, y ahora de año!
El viaje por supuesto se hizo eterno ya que duro más de dos días en los que tuve algunas experiencias intensas.
En ambos vuelos tuve a niños sentados a mi lado con la diferencia de que en el primer vuelo era un libanes de más de cuarenta años y en el segundo vuelo un chino de menos de 8 años. Pero puedo afirmar tras un pequeño estudio de observación que ambos desarrollaron el mismo comportamiento. Resaltando protestar por la comida, intentar reventar la pantalla táctil del avión con el dedo e invadir completamente mi espacio para mirar por la ventana. Evidentemente el primer caso fue mucho más incomodo por la edad del sujeto.
También tuve tiempo durante ese interminable viaje de vuelta, de poder visitar la ciudad de Dubái.
Tras una larga charla con uno de los vendedores de tickets del aeropuerto, preguntado donde estaba la parte antigua de la ciudad y el diciéndome que todo está hecho para el turismo y que lo único que hay que ver son los centros comerciales y los rascacielos, decidí adentrarme en los barrios menos populares de la ciudad, en la margen contraria del rio de donde se sitúan los altos edificios.
Tras unas cuantas horas de paseo conseguí llegar a mi objetivo, calles donde solo hubiera musulmanes y donde fuera un “bicho raro” para poder así explorar la cultura autóctona de la ciudad. 
Tras andar durante toda la tarde y al caer la noche decidí cruzar a la otra orilla en uno de esos barcos antiguos de madera que cuestan 1Dirham (20cent. €). Me adentre de nuevo en un mercado y esta vez fui acaparado por los vendedores locales. Mi simpatía y mis ganas de adentrarme en la cultura de la ciudad acabaron sentándome en un banco tocando la guitarra y rodeado de los tenderos de los puestos circundantes. Tras unas largas charlas sobre diversos temas, en especial la religión, acabe por entrar en la mezquita local y recibir clases prácticas sobre como lavarse antes de entrar a la mezquita, como situarse en la mezquita, como rezar y algunas tradiciones más a las que le siguieron las clases teóricas de iniciación en el Islam de 1 hora y media de duración.
Finalmente pude salir del mercado tras rechazar muchas invitaciones de los tenderos circundantes ya que me había convertido sin darme cuenta en la admiración de todo el barrio.
De nuevo en el aeropuerto, tome mi avión a España en donde ya en el aeropuerto se olía nuestra cultura, gente hablando alto, riéndose por cualquier cosa, y en definitiva armando jaleo. Pero lo que más me impresiono es la felicidad que llevaban todas esas personas que volvían a casa por navidad. 
Ya en España se han sucedido las celebraciones y los reencuentros con la familia, los amigos y con personas muy especiales, que me dan fuerza y apoyo para realizar mi próxima empresa, el viaje de más de un mes que me llevara por Francia España Portugal y Marruecos en busca de olas para hacer surf con mi amigo Hiro.
Ya os iré informando de cómo va la aventura, hasta entonces que tengáis todos, una buena entrada en el año 2014!!