Relatos del Baekdu Daegan

Después del famoso parque Jirisan y unos expléndidos días, la realidad volvió a golpearnos y nos dejo como era de esperar el amargor típico de las castañas crudas, el del otoño. Despues de contemplar un amanecer con bastante viento, la lluvia entró en escena y nos acompaña despues de dos largos días.

Los días parecen mas largos aunque en realidad se acortan y después de caminar bajo la lluvia apenas sin provisiones para los próximos días, llegamos a un pequeño poblado que es la única civilización que veremos en varios días. No habiendo ningún lugar para aprovisionarnos decidimos usar la clásica técnica de alzar el dedo para ir al siguiente pueblo dónde poder comprar algunos víveres.

Conseguida la misión decidimos darnos el placer de comer en un restaurante algo caliente (y sin gastar gas) así que decidimos preguntar a los habitantes de la zona por un restaurante que se ajuste a nuestras necesidades, barato, con mucha comida y que este bueno, lo típico. Después de mucho preguntar aparece una de las personas que nos había ayudado en su flamante coche y nos invita a llevarnos a uno de esos lugares.

La persona, un monje, budista, de un templo coreano acaba uniéndose al festín y haciendo de anfitrión perfecto, ya que después de la comida nos invita a un café en un lugar famoso de la zona y nos acerca de nuevo al poblado donde habíamos dejado la ruta.

Después de haber disfrutado del placer de un lugar cubierto, volver a la lluvia y el frio no nos alienta nada a seguir el camino a pesar de estar bien aprovisionados y con el estomago lleno. Buscamos una Jeonja, lugar de recreo coreano que consiste en un tablado de madera con un tejado. Finalmente al pasar por el centro del poblado se vislumbra la construcción en un montículo del núcleo urbano. Nos parece sin duda uno de los mejores hasta entonces ya que esta cerrado por ventanas y tiene puntos de luz, y hasta wifi, un autentico sitio para el “glamping”(del ingles glamorous camping). Tras unos minutos aparece una de las señoras del pueblo hablando coreano de pueblo, por razones obvias, y nos hace una cruz con los brazos para indicarnos que de dormir en la Jeonja “nanai”. Con un tono un tanto agitado y cogiéndonos del brazo con firmeza nos lleva hasta una calle y nos señala una casa. Pareciera como si tuviéramos que dar parte a la justicia por haber hecho un mal uso de esa estructura. Finalmente un hombre de mediana edad sale de la casa tras llamar a la puerta y tras explicarle que hace frio esta lloviendo y solo queremos pasar allí una noche, nos acompaña a lo que intuimos como el “ayuntamiento” del pueblo o mas bien la casa de la cultura. Sin mediar muchas palabras y con algún que otro gesto nos abre una de las salas y nos señala el suelo para indicarnos que pasemos la noche allí. Tras asearnos y acomodarnos, aparece el hijo de una de las vecinas de la localidad para ofrecernos comida y Soju, licor típico coreano, charlamos con el y pasamos un buen rato mientras acabábamos de llenar el gaznate.

A la mañana siguiente nos ponemos en marcha con menos diligencia de la esperada ya que siempre cuesta mas trabajo dejar la comodidad de una morada que el frío y húmedo entorno de una tienda. La niebla se une al camino y pronto la lluvia hace lo mismo. La marcha se vuelve tediosa de nuevo. Las montañas de corea, que ocupan el setenta por ciento de la superficie del país, parecen estar dispuestas aleatoriamente, como si un cubo de canicas hubiera caído del cielo para formar innumerables picos por todo el país. El andar por la espina dorsal de estos no ayuda nada tampoco. Como si de un subibaja se tratase, vamos cruzando todos los picos que nos encontramos. No existen los tramos llanos en este camino.

Tras varias horas de camino, llegamos a una pequeña aldea donde decidimos parar para cocinar y recuperar algo de fuerzas mientras intentamos llamar al parque nacional para reservar un par de huecos en uno de los refugios ya que no esta permitida la acampada. Desgraciadamente, incluso habiendo llamado con varios días de antelación, el refugio en el que pretendíamos pasar la noche esta completo para la noche en la que teníamos intención de llegar. Así que tras mucho discutir en “coreanihs” (mezcla entre coreano e inglés) por teléfono, conseguimos reservar una noche antes de lo planeado, los que nos obligaba a acelerar el paso y a hacer largas jornadas con muchos kilometros si queríamos llegar a tiempo. Así pues proseguimos nuestro camino.

La lluvia, las cuestas y el cansancio se fueron apoderando de nosotros kilometro a kilometro, metro a metro. La mente divagaba en cualquier asunto simplemente por evitar la realidad del camino. Recuerdo al final del día, ver la silueta de mi cuerpo levemente dibujada por la poca luminosidad que el denso bosque dejaba penetrar y gritar “¡Veo mi sombra!”. Ambos comenzamos a gritar exaltados por el pequeño rayo de sol que nos ha tocado, como si de una luz divina o una aparición se tratase, entrando en un éxtasis momentáneo que aunque nos da fuerzas para seguir solo consigue distraernos de nuestra tarea principal, el camino.

Conseguimos acampar a escasos metros del final de la etapa prevista. Estamos totalmente devastados por la dureza de la ruta. Sin demorarnos, armamos el campamento en un pequeño llano con césped que da acceso a unas tumbas, sin duda nuestra mejor opción en el escarpado bosque. Montamos las tiendas y nos ponemos a cocinar. El menú, el de siempre, todos los ingredientes que tenemos puestos juntos con un sobre de sabor en polvos que le da un toque lujoso a la comida. Esta noche, fideos con lentejas, setas y sabor a “mango honey”. Antes de dormir realizamos nuestro ruidoso ritual de hacer palmas y ruidos raros a un alto volumen para disuadir a posibles visitantes que se quieran unir a la fiesta. En nuestro caso los Jabalíes y los osos no son bienvenidos. A veces hay que repetir el ritual si te despiertas durante la noche oyendo algún ruido extraño. Pero hasta el momento nuestras “fiestas” se han mantenido estrictamente humanas.

Al despertar la niebla sigue junto a nosotros que nos vuelve a acompañar durante gran parte de la mañana, aunque finalmente da paso a un radiante sol que hace el camino mas llevadero. Nos acercamos al parque nacional y las montañas van creciendo a medida que nos acercamos y con ello disminuyen los puntos de agua y nuestras energías. Gran parte de la mañana recorremos amplias colinas de hierba alta y el camino se hace cada vez mas estrecho. El matorral silvestre se ha apoderado de todo al no tener arboles que les impidan nutrirse del astro rey. A pesar de no llover, el rocío acumulado en las hojas de las plantas se convierte e una ligera lluvia que acaba mojándonos de pecho para abajo prácticamente como si hubiéramos cruzado un río.

El proceso se repite por dos largos días de mas de diez horas de camino en el que partimos al alba y llegamos con las ultimas luces del día. Subir, bajar, acampar, cocinar y dormir, se convierten en las únicas palabras de nuestro vocabulario.

Finalmente, conseguimos llegar al refugio en la fecha esperada. Al ser “chusok” (día de acción de gracias coreano) recibimos gran hospitalidad por parte de los otros senderistas que hasta nos ofrecen vino blanco, todo un lujo en un refugio de montaña.

Tras una noche cálida en el interior, nos queda un ultimo tirón, unos veinte kilometros de senderos de montaña para poder salir del parque nacional. Salimos como de costumbre un poco mas tarde de lo planeado pero pronto cogemos el ritmo. De nuevo el mal tiempo nos acompaña, una espesa niebla y un fuerte viento que esquila las laderas de los picos mas altos son los protagonistas del día. Aunque el camino se hace largo la motivación de llegar al final de una dura etapa se sobrepone al cansancio físico. La mente ya entrenada durante los últimos días, desconecta los cables del dolor y del cansancio dentro del circuito central para no retrasar mas la misión de llegar al final del trayecto.

Siete horas después de un ritmo frenético sin apenas pausas, conseguimos llegar a la carretera de montaña que limita con el parque.

Estamos totalmente devastados en un estado de embriaguez creado por el esfuerzo físico y el fruto de la victoria.

Con la suerte y la hospitalidad propia que nos viene rodeando, conseguimos un viaje gratis para el pueblo mas cercano donde poder reponer vivieres y pasar la noche.

Han sido ocho duros días de camino intenso por las montañas de Corea. Ocho días en los que hemos recorrido casi 140km de innumerables picos, subidas y bajadas. Ocho días que se sintieron como trescientos sesenta y cinco en los que vimos las cuatro estaciones, amaneceres y atardeceres, pasamos sed, hambre, cansancio y felicidad. Ocho días que culminan en un camping de pago en el que la hospitalidad local se apodera de la situación saciándonos con manjares que no habríamos podido ni imaginar. Ocho días que cierran mi etapa en el Baekdu Daegan pero que son solo el principio de muchos de mi gran compañero de aventuras Eloy.

2 Comments

  1. Mi multe ŝatis vian rakonton!!. Belege verkita. Mi sentis kun vi viajn travivaĵojn!!
    Kisoj

  2. Que viajero! Es un placer para mi de hacer ese camino contigo! Cuidate amigo. Nos vemos.

Leave a Reply

Your email address will not be published.

© 2017 Spinonland

Theme by Anders NorenUp ↑